El hábito de revisar el teléfono móvil apenas comienza el día se ha vuelto una rutina difícil de romper para millones de personas. Lo que inicia como una intención de informarse rápidamente puede transformarse en una larga sesión de consumo de noticias negativas. Este comportamiento, cada vez más común, ha sido identificado por especialistas como “doomscrolling”, una práctica que consiste en desplazarse de manera compulsiva por contenidos pesimistas o alarmantes, especialmente en redes sociales y sitios informativos.
El término “doomscrolling” proviene del inglés y combina la palabra “doom” (condena o fatalidad) con “scrolling” (desplazarse en una pantalla). Aunque su uso se popularizó durante la pandemia de COVID-19, cuando millones de personas permanecían confinadas y buscaban actualizaciones constantes, su origen se remonta a foros digitales y redes sociales previas a la crisis sanitaria.
Especialistas en psicología han advertido que este comportamiento no es casual. El cerebro humano está programado con un sesgo de negatividad, un mecanismo evolutivo que prioriza la atención a posibles amenazas. En el pasado, esta respuesta ayudaba a la supervivencia; en la actualidad, se activa ante titulares alarmantes, crisis globales o noticias violentas, generando una sensación constante de alerta.
Durante periodos de incertidumbre, como pandemias, conflictos políticos o crisis económicas, este sesgo se intensifica. Diversos estudios han demostrado que las personas que consumen de manera excesiva noticias negativas presentan mayores niveles de ansiedad y depresión. Lejos de brindar control o claridad, el exceso de información puede generar una sensación de indefensión y saturación emocional.
El impacto del “doomscrolling” también se extiende a las funciones cognitivas. La exposición constante a contenido negativo afecta la capacidad de concentración, ya que el cerebro se acostumbra a estímulos rápidos e intensos. Como consecuencia, actividades que requieren atención sostenida, como la lectura o el trabajo profundo, se vuelven más difíciles de mantener.
Además, este hábito sobrecarga la memoria de trabajo. La acumulación de información perturbadora reduce la capacidad del cerebro para procesar datos de forma eficiente, lo que provoca fatiga mental. Muchas personas experimentan agotamiento tras largos periodos frente a la pantalla sin identificar que el origen está en este consumo excesivo de noticias.
Otro efecto relevante es la distorsión de la percepción de la realidad. Al estar expuestos de forma constante a eventos negativos, los usuarios tienden a sobreestimar los riesgos y peligros en su entorno. Esto puede generar una visión del mundo más amenazante de lo que realmente es, alimentando el miedo y la preocupación constante.
El “doomscrolling” también crea un círculo vicioso en la salud mental. Aunque las personas buscan informarse para reducir la incertidumbre, el resultado suele ser el contrario: aumenta la ansiedad y se refuerzan pensamientos negativos. En algunos casos, se convierte en un mecanismo de afrontamiento poco saludable, especialmente en quienes ya presentan síntomas de ansiedad o depresión.
Los adolescentes y adultos jóvenes son particularmente vulnerables a este fenómeno. Debido a que su corteza prefrontal, responsable del control de impulsos, aún está en desarrollo, les resulta más difícil regular el uso del teléfono y romper el ciclo de consumo compulsivo. Esto los expone a mayores niveles de estrés y problemas emocionales.
Frente a este panorama cada vez más común, los especialistas recomiendan adoptar hábitos digitales más saludables, como por ejemplo:
Establecer horarios específicos para consultar noticias y respetarlos.
Activar límites de uso o temporizadores en el teléfono móvil.
Evitar revisar redes sociales o noticias antes de dormir o al despertar.
Seguir únicamente fuentes confiables y evitar cuentas alarmistas.
Leer artículos completos en lugar de quedarse solo con titulares.
Alternar el consumo de noticias con contenido positivo o educativo.
Realizar pausas digitales durante el día, especialmente en momentos de espera.
Sustituir el tiempo en pantalla por actividades como leer, hacer ejercicio o convivir.
Reflexionar sobre cómo afecta emocionalmente el contenido consumido.
Buscar apoyo profesional si la ansiedad o el estrés se vuelven persistentes.
@clarissa.maxinne 4 cambios chiquitos para dejar de consumir contenido basura, dejar el doomscrolling y consumir contenido de valor!! ✨ Todo para intentar ser más productiva y consciente de cómo usó mi tiempo 🫶🏼 #doomscrolling #saludmental #brainrot #mindset #recomendaciones ♬ sonido original - CL★RISSA M★XINNE